miércoles, 22 de febrero de 2012

La tragedia que pudo ser evitada

El país se despertó esta mañana con la noticia, tremenda, del accidente ferroviario ocurrido en el barrio de Once, en una de las estaciones de trenes importantes de la ciudad de Buenos Aires.
El saldo es impensado: cuarenta y nueve muertos -por ahora - y alrededor de seiscientos heridos, con un considerable número de heridos graves, entre cincuenta y cien.
Aún no se sabe oficialmente las causas, aunque según versiones el coche venía a 26 km por hora lo que todo parecía normal pero algo falló; el tren no paró e impactó contra el muelle al final de la vía lo que produjo que el segundo vagón se incrustara en el primero, los dos llenos de pasajeros que a esa hora la mayoría iban a su trabajo.
La impaciencia de la gente que se amontona para bajar rápido llevó a más de uno al final de su vida.
La falta de controles en los medios de transporte sería lo grave en este país que sólo sabría lamentarse cuando algo grave como en este caso sucede. La tercerización de los servicios, la falta de seguimiento a las empresas que toman servicios y que después no cumplen con el mantenimiento y la renovación de la flota, hace pensar en una desidia y un desprecio hacia la vida ajena.
El gobierno nacional tendría que ser más duro e inflexible con quienes lucran siempre con el pueblo sin importarles las consecuencias, mientras sus bolsillos estén llenos. Declarar duelo por tres días, no calma el dolor de los familiares que han perdido un ser querido y de los que están al lado de una cama, esperando que todo se resuelva favorablemente para el herido.
Responsabilidad, controles, seriedad, cumplimiento de contratos e importancia por la vida ajena. Eso faltaría.

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